Historia del Futbol en México : Torneo 1933-1934

Torneo 1933-1934

Al calor de la emoción, tras un cierre de temporada que encendió corazones y vibró en las gradas, los señores del fútbol en la Ciudad de México se afanaron en darle forma al torneo venidero, el de 1933-1934.

El tiempo apremiaba, pues un comunicado oficial de la FIFA había llegado a las oficinas de la Liga Mayor, anunciando que para la Copa del Mundo Italia 1934, se jugarían eliminatorias.

Un nuevo reto se perfilaba en el horizonte, obligando a ajustar calendarios y a preparar a la selección nacional con esmero.

Pero no solo la Copa del Mundo inquietaba a los dirigentes.

Algunos equipos se enfrentaban a un futuro incierto. Un manto de duda se cernía sobre ellos, y era necesario encontrar soluciones antes de que la incertidumbre se convirtiera en caos.

Era un momento crucial, un punto de inflexión en la historia del fútbol mexicano. Los señores del balón tenían en sus manos la responsabilidad de guiar este deporte hacia un futuro brillante.

¿Qué decisiones tomarían? ¿Cómo se enfrentarían a los desafíos que se avecinaban? Solo el tiempo lo diría.

Lo que sí era seguro es que la pasión por el fútbol ardía con fuerza en la Ciudad de México.

La afición rugía por más emociones, por más goles, por más victorias. Y los señores del fútbol, con la responsabilidad a cuestas, estaban dispuestos a darles lo que pedían.

El torneo 1933-1934 prometía ser épico. Un torneo lleno de emociones, de sorpresas, de momentos inolvidables. Un torneo que quedaría grabado en la memoria de todos los que lo vivieron.

 

 

Temporada 1933-1934

En las oficinas de la Liga Mayor se esperaba repetir la fórmula del torneo 1932-1933 dividiendo a los equipos de nuevo en dos grupos.

Debido a las secuelas de la crisis política en México, Leones, patrocinado por Obras Públicas, anunciaba su retiro ante el cambio de funcionarios de la dependencia.

El Marte seguía sus pasos.  La Secretaría de Guerra y Marina no apoyaría más al club.

Por otras circunstancias diferentes, Germania F.V. y Sporting también se daban de baja.

El equipo de la Colonia Alemana consideraba haber cumplido su ciclo mientras Sporting regresaba a competir en la Liga Veracruzana.

Se tuvo que rediseñar el calendario al quedar sólo seis equipos: América, Asturias, Atlante, España, Necaxa y el Club México.

Los dirigentes mantuvieron la “doble cartelera” para evitar una baja en las entradas y se determinó arrancar el torneo 1933-1934 el 22 de octubre, suspendiendo el mismo entre el 17 de diciembre y el 8 de abril de 1934, para los juegos de la selección.

Todo estaba dispuesto para que los equipos saltaran a la cancha.

 

 

Los Equipos se Refuerzan

Ante la desaparición de los equipos mencionados, algunos jugadores interesantes pasaron a formar parte de los llamados “equipos grandes”.

Siguiendo un estricto orden alfabético, estas son las principales novedades que presentaron los equipos:

 

 

América

En la portería, un talismán de goma: Rafael Navarro Corona, “el portero de goma”, se consolidaba bajo los tres palos.

Hilario "Moco" López

En la portería, un talismán de goma: Rafael Navarro Corona, “el portero de goma”, se consolidaba bajo los tres palos.

La defensa se reforzaba con la llegada de Alfredo Garzón, un muro infranqueable.

A su lado, Rafael Garza Gutiérrez, “Récord”, un veterano que ahora combinaba el juego con la dirección técnica.

En el mediocampo, José “Pelón” Rosas brillaba con luz propia, ganándose la titularidad a base de talento y esfuerzo.

La partida de Jorge Sota abría una puerta que Félix “Ojitos” Gómez no desaprovechó, convirtiéndose en el nuevo dueño del ataque.

Pero la gran estrella era sin duda Hilario “Moco” López, un trotamundos que regresaba tras su paso por el Mundial de Uruguay 1930. Su llegada desde el desaparecido Marte prometía magia y goles.

Era un equipo con alma, con una mezcla de experiencia y juventud, de talento y sacrificio. Un equipo que estaba listo para escribir su propia historia.

 

Asturias

El cuadro astur había apostado por jóvenes talentos mexicanos como una forma de mantener un cuadro competitivo y atraer más seguidores.

Carlos Laviada

Las sombras de las pasadas derrotas aún acechaban, pero la confianza en la nueva generación era inquebrantable.

Alfonso Riestra, un joven guardameta con reflejos felinos, se erguía como la muralla infranqueable del equipo. Su talento no tenía rival, y bajo su tutela, la portería asturiana se convertía en un fortín inexpugnable.

En la defensa, Carlos Laviada, un impetuoso guerrero de apenas 17 años, tejía una red de acero con su férrea determinación. Su precoz talento auguraba una carrera legendaria, un nombre que resonaría con fuerza en el firmamento del fútbol mexicano.

Para afilar su ataque, Asturias se agenció los servicios de dos astros nacionales: Juan “Trompo” Carreño, un mago del balón con regates endiablados, y Jorge Sota, el temible goleador del América.

Un dúo dinámico que prometía convertir la delantera en una tormenta imparable.

Asturias se preparaba para dar batalla. La renovación había dado paso a un equipo vibrante, con hambre de triunfo y dispuesto a desafiar a los grandes.

Un equipo que, con la fuerza de su juventud y la pasión en el corazón, se lanzaba a la conquista de la gloria.

 

Atlante

Manuel "Chaquetas" Rosas torneo 1933-1934El equipo de los “prietitos” sufriría con las bajas de dos de sus referentes.

Dos de sus guerreros más emblemáticos, Carreño y el “Diente” López, habían emprendido nuevos caminos, dejando un vacío en el campo.

Sin embargo, el Atlante, como un fénix que renace de las cenizas, encontró en el talento joven la savia para seguir adelante. La astucia de Manuel “Chaquetas” Rosas y la experiencia de Narciso “Nicho” Mejía se convirtieron en faros que guiaban al equipo.

Un nuevo jugador, Manuel Márquez, irrumpió en la escena con la frescura de la primavera, insuflando nueva vida al ataque azulgrana. Eduardo Romero, un veloz extremo derecho, y “Chúndara” Rosas, un dinámico mediocampista, también prometían ser piezas claves en el tablero de juego.

Era una danza de talento en la cancha, una coreografía de sueños y esperanzas. Los “Prietazos”, con la fuerza de su unión y la pasión por el fútbol en sus corazones, estaban listos para afrontar cualquier desafío. El camino por delante era incierto, pero la determinación ardía en sus almas como una llama inextinguible.

 

España

El Real Club España, al igual que el Asturias, no se conformaba con ser un simple participante en la liga. Ambos equipos anhelaban crear sus propias leyendas, forjar su propio destino.

Para la temporada 1933-1934, el España se preparó con esmero. Su plantilla lucía como una de las más fuertes del campeonato, gracias a la evolución de sus jóvenes talentos y la incorporación de nuevos jugadores de gran calidad.

Luis "Pirata" de la Fuente

Para fortalecer la línea media, el equipo fichó a Felipe “Diente” Rosas, un brillante jugador que había participado en el Mundial de 1930.

Sin embargo, la verdadera joya del equipo era su delantera. Luis “Pirata” Fuente, proveniente del desaparecido Aurrerá, ahora formaba una dupla formidable con Fernando Marcos y Manuel Alonso.

Para equilibrar aún más el juego, el España contaba con Nemesio Tamayo, un gran defensor chileno que había encontrado en México su nueva patria.

Con este equipo de ensueño, el España parecía estar listo para conquistar el campeonato que se le había escapado en su irregular temporada de regreso.

¿Podrían los albinegros alzarse con la victoria? La respuesta solo se podía encontrar en el campo de juego, donde la pasión y el talento se enfrentarían en una batalla épica.

 

México F.C.

Sin el apoyo de grandes empresas o gobiernos, este equipo dependía de su propia fuerza y determinación para sobrevivir.

Cirilo Roa, Troncoso, Sandalio y un joven talento en ciernes llamado Pedro González, formaban la hueste del Club México. Estos jugadores no solo luchaban por la victoria, sino por algo más grande: el honor de un equipo sin recursos que desafiaba a los poderosos.

En cada partido, el Club México se enfrentaba a una montaña de obstáculos. Sus rivales, con arcas llenas y jugadores de renombre, parecían destinados a aplastarlos. Sin embargo, el espíritu indomable del Club México nunca se doblegaba.

La pasión de los jugadores del México se contagiaba a la afición. El público, conmovido por la lucha de este equipo sin privilegios, los animaba con fervor. Aunque las victorias eran escasas, el Club México se ganaba el respeto y la admiración de quienes presenciaban su tenacidad.

En el corazón de este equipo, Pedro González brillaba con luz propia. Su talento innato y su entrega en el campo lo convertían en un símbolo de esperanza para el Club México. Un joven guerrero que desafiaba las normas y demostraba que la pasión y la determinación pueden vencer cualquier obstáculo.

El Club México era más que un equipo de fútbol. Era una metáfora de la lucha contra la adversidad, un canto a la esperanza y un ejemplo de que, incluso en las condiciones más difíciles, el espíritu humano puede florecer.

 

Necaxa

El equipo campeón, cual ave fénix renacida de las cenizas, conservaba la base de jugadores que los había llevado a la gloria.

Antonio Azpiri, el “León de las Canchas”, rugía con la misma fiereza en la defensa, secundado por Lorenzo “Yegua” Camarena, un jinete incansable en la línea de batalla.

En el medio campo, la magia fluía con Ignacio “Calavera” Avila, un estratega capaz de burlar a la muerte misma. Guillermo “Perro” Ortega y Marcial “Ranchero” Ortíz completaban el tridente, tejiendo una telaraña de pases que atrapaba a sus rivales.

Las bandas se convertían en ríos de velocidad con José Ruvalcaba y Vicente “Chamaco” García, dos flechas doradas que perforaban la defensa contraria.

La experiencia de “Sardina” López y José Ruíz aportaba la sabiduría del viejo roble, mientras que la llegada de “Pichojos” Pérez era como un soplo de aire fresco, encendiendo la delantera con un fuego inextinguible.

El equipo era una amalgama de talento, experiencia y juventud, un ejército imparable listo para conquistar la victoria una vez más.

La leyenda del campeón estaba a punto de escribirse de nuevo.

.

 

Arranca el Torneo 1933-1934

El Parque Necaxa: Un escenario de sueños y emociones, donde el verde césped se transforma en un lienzo para el baile del fútbol.

Dos equipos, Real Club España y Asturias, se preparan para el primer encuentro, un duelo de titanes que marcará el inicio de la temporada.

España, con la savia fresca de jóvenes talentos como Fernando Marcos y Manuel Alonso, buscaba destronar al campeón. Asturias, fiel a su estilo, conservaba la base del equipo que luchó la temporada anterior.

El silbato marca el inicio del baile. España, con ritmo arrollador, domina el campo.

Labrador, con dos goles magistrales, y Fernando Marcos, con una pincelada final, sellan la victoria. Asturias, con un solitario gol de Antón, solo puede observar la destreza del rival.

Necaxa, el campeón, se presenta en el escenario con la corona en la frente. Su rival, Club México, se prepara para la batalla.

El resultado es un baile sin compasión, una danza de goles que termina con un aplastante 7 a 1.

Atlante y América, dos colosos con sed de victoria, entran en escena la siguiente semana. Atlante, con movimientos más armoniosos, se alza con la victoria por 4 a 2.

Asturias, en un giro inesperado, desafía al campeón Necaxa en un duelo vibrante. Los astures, con una coreografía impecable, derrotan al monarca por 5 a 3.

La temporada promete ser un espectáculo lleno de sorpresas.

Las semanas se convierten en un baile frenético. Atlante, victorioso en la mesa ante España, cae estrepitosamente ante Necaxa por 8 a 1 y luego ante Club México por 5 a 3.

Necaxa, también inconstante, sucumbe ante España por 2 a 0. La irregularidad se convierte en la melodía de la temporada.

¿Quién será el vencedor final? Solo el tiempo, con su ritmo implacable, lo dirá.

Lo que sí podemos asegurar es que este torneo será un baile inolvidable, un torbellino de emociones que nos mantendrá en vilo hasta el final.

 

 

El Receso

El 17 de diciembre se jugaría la última jornada para que todos los equipos completaran cinco partidos.

En el Campo Asturias, el Atlante le propinaba un doloroso 4 a 1 al Asturias que no sentía lo duro sino lo tupido.

Al final de esta jornada, las tablas de posiciones indicaban:

 

  1. Real Club España      8 puntos
  2. Atlante                      6 puntos
  3. América                    5 puntos
  4. Asturias                     5 puntos
  5. Necaxa                      4 puntos
  6. Club México              2 puntos

 

La Historia de los Torneos del Futbol Mexicano

 

Comparte en redes

Leave a Comment